sábado, 5 de febrero de 2022

A veces la luna se viste de cuero y encaje...


Hola de nuevo.

Hoy me apetecía compartir con vosotros uno de los poemas de Sin cobertura, ya sabéis, ese no-poemario tan chulo que he escrito y que ha salido a la venta hace poquito.
En el vídeo podéis escucharlo leído por mí, y a mí podéis verme muy bien acompañada por mi editor y socio descentrado Ángel Lara.
Y eso cuenta, que a veces la luna se viste de cuero y encaje, pero otras solo necesita un abrazo de los que huelen a naranja amarga, después de todo a la luna le pasa como a nosotros, ¿verdad? 
Todos sabemos de eso, de hacernos los fuertes, de no querer mostrar nuestras debilidades, de proteger nuestra cara oculta.
Espero que os guste.





 

sábado, 22 de enero de 2022

De lectores y coberturas

Nuestros fantasmas, nuestros demonios, nuestros miedos... nos hablan. A veces nos susurran, otras nos cantan, pero otras nos piden a gritos que contemos su historia, nuestra historia. Yo lo he hecho, he puesto voz a mis fantasmas y he vomitado un no-poemario lleno de verdad y ¿por qué no decirlo? de belleza.

Este no-poemario se llama Sin cobertura, y desde el pasado sábado 15 de enero ya no me pertenece solo a mí.



Apenas una hora antes de la presentación alguien me preguntaba por wasap de qué trataba mi libro. No contesté, es más, una semana después no he contestado aún a ese mensaje y no lo voy a hacer, pero me hizo gracia, quizá digo gracia cuando lo que quiero decir es indignación y tristeza. Unos minutos antes de intentar explicar en público cómo me había sentido en los últimos años después de que me diagnosticaran una enfermedad crónica con afectación neurológica y cómo volqué esos sentimientos en un papel, pretendían que lo resumiera en un wasap. Puede que mi libro trate de temas  demasiado profundos, demasiado íntimos, demasiado míos. Puede que si no me resulta fácil contestar en un wasap de qué trata mi libro el interés del lector decaiga, no merece la pena leer algo que requiere de tanta explicación, algo que no soy capaz de resumir en un breve audio, porque supongo que de leer un mensaje escrito ni hablamos. Puede que ese sea el verdadero problema: el no-lector.

No sé, igual son paranoias mías. Solo estoy pensando en voz alta y compartiendo una anécdota que, en el momento, me hizo sonreír pero a la que no he dejado de dar vueltas durante toda la semana. O igual no son paranoias y la palabra adecuada es frustración.

Pese a todo, Sin cobertura no es un libro triste, es un libro de verdades, de versos de colores y de asumir que raro rima con humano.

Ya sabéis, si lo que queréis es que os cuente en un wasap de qué trata el libro lo más fácil es que no os conteste, pero si os apetece leerlo y darme vuestra opinión podéis conseguirlo en nuestra web:

https://descentrados.es/producto/sin-cobertura/

 

domingo, 22 de marzo de 2020

#yomequedoencasayescribocosas

En estos días tan raros y complicados en los que lo primero que hacemos al abrir los ojos es comprobar si todo esto era una pesadilla o si está ocurriendo de verdad yo pienso más, me pongo más sensible, aunque se me pasa pronto, tranquilos, el resto del día sigo igual de borde que siempre 😂, leo más, y escribo más, escribo cosas como esta:



Y me lavo las manos y leo y aplaudo,
y me lavo las manos y resisto y pienso,
y compro, sola, en silencio
y saludo al vecino, desde lejos,
con mucho más cariño del que jamás hubiera imaginado,
y sonrío, con ganas, con necesidad.
Y vuelvo a casa y me lavo las manos,
y oigo las noticias, más muertos, más virus, más cumpleaños en cuarentena,
más ganas de llorar, más rabia, más impotencia.
Y me lavo las manos y me sobra tiempo pero me falta aire,
Y me lavo las manos y todo huele a lejía diluida
y quisiera hacer mucho más por ti, por mí, por todos, pero solo puedo quedarme en casa y sentirme inútil.
Y me lavo las manos y escribo y tacho porque todo es tan obvio, porque todo está dicho.
Y me lavo las manos y pienso en mis padres, en lo fácil que es priorizar y en lo que nos cuesta,
en lo triste que es morir solo, en que nos abrazamos poco, en que nos escuchamos poco.
Y me lavo las manos y faltan risas
y resisto y aplaudo y escribo y no tacho
porque todo no es tan obvio porque necesito una excusa para fijar mis recuerdos.




Muchos besos para todos desde Madrid y cuidaos mucho. Nos leemos pronto ❤❤.

#quédateencasa
#todosaldrábien
#estevirusloparamosunidos

domingo, 1 de marzo de 2020

Sombras


El sol se oculta
y tú te vas
entre sombras grises y vacías
que acompañan tus pasos.
Sombras que cubren mi cuerpo,
sombras opacas, como yo.
No gires la cabeza,
no me mires,
no me tengas lástima.
Ya no veo el sol,
solo tu espalda.
No te preocupes por mí,
de amor no se muere,
ni de pena, ni de vacío,
solo se muere
por no quererse lo suficiente,
por no entenderse,
por no aceptar
que estamos solos,
que todo se reduce
a un ligero beso de despedida,
a una página reescrita
y a que la noche acaba.
Nada más importa,
y mis lágrimas siempre se secan solas,
siempre.







domingo, 26 de enero de 2020

Domingo de recuerdos e incógnitas

Recuerdo que anoche estaba viendo la ceremonia de entrega de los Goya, recuerdo que fue larga y que era tarde, recuerdo que alguien, no recuerdo quién ni por qué, mencionó a Gloria Fuertes y recuerdo que me recordó a un poema que escribí hace tiempo. Recuerdo que me levanté y busqué el libro, recuerdo que lo leí y recuerdo que me gustó releerlo, recuerdo que sonreí. Recuerdo que dejé el libro sobre la mesa. No recuerdo qué mecanismo se puso en marcha entonces en mi cerebro, pero sé que esta mañana sabía que tenía que compartirlo aquí. Lo que no sé es por qué. Yo no necesito saberlo. No sé si vosotros, sí. Quiero suponer que tampoco. 


YO, DE MAYOR, QUIERO SER DOÑA PITO PITURRA[1]


Doña Pito Piturra tiene unos guantes.
Son como los míos.
Los que me pongo para pelar cebollas
sin que me hagan llorar,
para pasar las hojas de los libros azules
que leo por las noches a los gatos de las azoteas,
para espantar las moscas
de los ojos y de los labios secos del niño «ajo»,
esas que solo pican a los muertos.
Para coser los agujeros
que dejan los cañonazos de la intolerancia.
Doña Pito Piturra tiene un sombrero.
Es como el mío.
El que me pongo
para olvidar las heridas de la memoria
y protegerme de los gritos de la luna cuando se enfada.
El sombrero de pensar en extraterrestres inteligentes
que nos sepan explicar cómo funciona nuestro planeta.
Doña Pito Piturra tiene un zapato.
Es como el mío.
El que me pongo
para huir de la realidad,
para dibujar laberintos en la arena
y dejarme llevar por un tornado
hasta el reino de Oz.
Quiero comer helados de pistacho.
Quiero leer historias de todos los sabores.
Quiero andar raro como una sirena
y aparecer en tu libro con cuerpo de verso.
Quiero abrazos de jengibre
Y un «berso» de buenas noches.
No, no estoy chiflada.
Doña Pito, Piturra tiene unos guantes.
Ah, perdón, eso… eso ya lo he dicho antes.






[1] En el texto aparecen referencias a Doña Pito Piturra y otros poemas infantiles de Gloria Fuertes.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Este jueves, un relato

Sé que ya no es Halloween,  ni día de los Santos, ni jueves, ni tan siquiera viernes. Sé que si dios existe no tengo perdón de dios, pero sé también que Charo, nuestra jueveanfitriona, me entenderá y me perdonará. La realidad me supera y no llego ni a la mitad de a todo a lo que me gustaría llegar, pero priorizando, un jueves de entierros conducido por mi amiga Charo es algo en donde quiero y debo  estar. Me hubiera gustado dejar una entrada con textos inéditos, pero eso sí que ha sido un imposible, así que reedito dos textos antiguos, recogidos en mi Fundido en negro que en su día creo que gustaron y a los que yo tengo mucho cariño.
Así que sin más preámbulos...
Este jueves... nos vamos de entierro.





EL CEMENTERIO


La oscuridad y el silencio reinaban en el cementerio. Era una fría noche de diciembre, tan gélida y negra que ni el mochuelo había abandonado el calor del tronco del viejo roble.
Iba a ser su primera Navidad en su residencia eterna. Hacía solo unos meses que decidió que no merecía la pena seguir adelante y puso el punto final a la corta historia de su vida con un cóctel letal de ansiolíticos y antidepresivos.
Salió de su tumba, como cada noche desde que llegó allí, le agradaba pasear entre los caminos de arena que bordeaban los cuarteles de las antiguas sepulturas, leer los nombres grabados en el mármol gris de los bloques de nichos, más limpios, más modernos y más baratos. Le cautivaba empequeñecer bajo las sombras alargadas de los cipreses, adivinar las formas que proyectaba la luna sobre las esculturas de mármol, sobre las lápidas, escuchar los grillidos, las carracas de los insectos  nocturnos y los maullidos de los gatos que osaban romper el tétrico silencio del camposanto.
No estaba solo en sus paseos, eran muchos los que, como él, aprovechaban la ausencia de vida humana, de almas mortales, para observar el mundo desde su nueva dimensión.
Siempre terminaba su recorrido en el depósito, le gustaba asegurarse de que ningún cuerpo pasara su primera noche allí solo, la noche de tránsito. La suya había sido tan vacía… vivió solo, murió solo y fue enterrado solo, con la única compañía del empleado de la funeraria.
Aquella noche la triste y fría camilla de mármol de la sala estaba ocupada. Lo que en vida hubiera sido un escalofrío recorrió su cuerpo cuando vio que se trataba de un pequeño ataúd.
—Algún traslado que ha llegado tarde, le enterrarán a primera hora de la mañana —pensó mientras levantaba la tapa de aquel diminuto féretro de madera blanca encontrándose con la mirada perdida y ausente de una niña de corta edad.
Observó su rostro frío y pálido como el de una muñeca de porcelana, nunca le gustaron esas muñecas. Su pelo rubio, rizado, con los tirabuzones cayendo sobre sus hombros le daba un aire angelical.
—No tengas miedo —le dijo apretando su mano—, yo me quedaré contigo, no estarás sola.
—No te equivoques —exclamó la pequeña—, eres tú el que debería tener miedo, dejé tres niñas muertas en aquel maldito internado antes de saltar por la ventana del cuarto piso para comprobar si era cierto que los ángeles negros podían volar —habló la niña con una voz hueca y profunda que el eco de aquella estancia hacía todavía más aterradora.
Se incorporó dentro de la caja, contrajo todos los músculos de su rostro en una mueca desencajada y espeluznante y con un movimiento tan rápido como violento liberó su cuerpo del blanco sudario que la cubría y con los ojos fuera de sus órbitas saltó del féretro.
—¡Ja, ja, ja! ¡Me moría por salir de ese cajón!





900ºC


¡Odio este calor! Si hace un rato estaba congelada, apenas podía gesticular, tenía la cara tensa, estirada, como si se me hubiera olvidado aclararme los restos de la mascarilla,  la sonrisa petrificada y dos estalactitas colgando de los orificios de mi nariz, los pies helados, ¡cómo echaba de menos mis calcetines de lana!
Y, de repente, este sofocón. Algo extraño debe de haber ocurrido, alguna avería en  el aire acondicionado, o lo han puesto en modo calefacción sin darse cuenta; tengo que avisar al técnico para que lo miren, ¡esto no hay quien lo aguante! Porque ¿en qué mes estamos? Mi Alhzeimer avanza peligrosamente, tengo que volver al neurólogo, aunque ya sé lo que me va a decir, no hay marcha atrás; con la memoria que yo tenía, que podía decirte la lista de los reyes godos del derecho y del revés y ahora no recuerdo ni mi nombre; yo creo que estamos en agosto, será la segunda quincena, estos cambios tan bruscos de temperatura son propios del final del verano, además recuerdo que hace poco que fue mi cumpleaños y cuando era niña siempre lo celebrábamos en la playa. ¡Qué triste hacerse vieja!
Si, por lo menos, pudiera alcanzar mi abanico, pero ni siquiera sé dónde puse el bolso… Necesito beber un poco de agua.
¡Qué exageración! No es normal,  esto ya no es pasar calor, esto es morirse… Empiezo a oler a chamusquina, ¿se me nubla la vista o el cuarto se está llenando de humo?… Ahora me viene a la cabeza la película esa de Paul Newman, ¡qué guapo es ese hombre, por cierto!,  la del incendio en el rascacielos, ¡Dios, qué rabia! tampoco soy capaz de recordar el título, pero era tan agobiante, hasta puedo ver las llamas…, me estoy obsesionando.
Será mejor que me relaje e intente descansar.
––En tres o cuatro horas pueden pasar a recoger sus cenizas ––les dijo amablemente el empleado de la funeraria.











viernes, 30 de agosto de 2019

Viernes de espíritus mundanos


Hoy ha venido un espíritu. Llegó solo, creo, eso no me lo dijo. Tampoco creo que quisiera nada especial, parecía una visita rutinaria, quizá de cortesía. Nadie más que yo sintió su presencia. Noté el frío tensando la piel de mi rostro. El reloj se detuvo pasadas las tres, cuando atravesó la ventana y mi cuerpo, que distraía el insomnio buscando parques temáticos en el cielo a través de ella.

Hoy ha venido un espíritu. Comprobó la batería de los sensores magnéticos de la alarma, formateó el ordenador y reinstaló el sistema operativo. Barrió el garaje y sacó la basura. No le gustan las arañas ni el cuadro del salón ni la nueva funda nórdica de mi cama ni el ambientador del baño ni el gallo del vecino que comenzaba a cantar cuando salió de casa, eso sí me lo dejó claro antes de irse.

Hoy ha venido un espíritu. No le han complacido los cambios que he hecho en su casa desde que él la dejó. Sé que volverá pronto. Antes de que el cable de acero me degollara le escuché farfullar sobre lo sucias que estaban las lámparas del salón. Supongo que en su próxima visita tendrá que limpiar también las alfombras.






domingo, 11 de agosto de 2019

Cierre de convocatoria

Y así llegamos al domingo y con él al cierre de la convocatoria de este jueves 8 de agosto. Un jueves muy especial para mí, en el que hemos escrito y reflexionado sobre inicios, sobre puertas, sobre caminos andados y por andar, pero principalmente sobre reencuentros.
Quiero daros las gracias a todos por vuestro apoyo y vuestra presencia, en especial, a los compañeros que ya no son tan habituales en estas convocatorias blogueras y que han hecho el esfuerzo para acompañarme esta semana en mi vuelta a los jueves.
Ha sido un placer coordinar esta semana, espero haberme acordado de todo y haberlo hecho bien, había perdido práctica, no creáis :)


La próxima semana nos espera Mar en su casa:

https://sitiodelabitacora.blogspot.com/

Yo prometo volver.





jueves, 8 de agosto de 2019

Este jueves un relato.


Y aquí os dejo mi aportación a este jueves de comienzos.





Punto final







Todo empezó con un punto final, un único y rotundo punto final. Sí, estoy segura; no fue un punto y aparte y, por supuesto, descarté de inmediato que se tratara de un aburrido y monótono punto y seguido: fue un único y rotundo punto final. Luego, lo normal: un callejón oscuro lleno de gente, un yogur caducado, un cubo de Rubik, un vestido de novia de segunda mano, la ola definitiva, una lágrima con baliza, una botella de vodka, un per secula seculorum, un control de alcoholemia, una rosa negra, un salto al vacío, un beso edulcorado, un libro de historia, una capa de superhéroe, una no contraseña, una bandeja de pasteles, una pistola y una detonación, una única y rotunda detonación.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Arrancamos...


Buenas noches.
A falta de poco menos de una hora para que comience el jueves en España damos la salida a la convocatoria juevera del 8 de agosto de 2019. Os voy dejando por aquí los enlaces de los diferentes blogs que me han hecho llegar ya su participación.

Comencemos con nuestros inicios: