sábado, 2 de noviembre de 2019

Este jueves, un relato

Sé que ya no es Halloween,  ni día de los Santos, ni jueves, ni tan siquiera viernes. Sé que si dios existe no tengo perdón de dios, pero sé también que Charo, nuestra jueveanfitriona, me entenderá y me perdonará. La realidad me supera y no llego ni a la mitad de a todo a lo que me gustaría llegar, pero priorizando, un jueves de entierros conducido por mi amiga Charo es algo en donde quiero y debo  estar. Me hubiera gustado dejar una entrada con textos inéditos, pero eso sí que ha sido un imposible, así que reedito dos textos antiguos, recogidos en mi Fundido en negro que en su día creo que gustaron y a los que yo tengo mucho cariño.
Así que sin más preámbulos...
Este jueves... nos vamos de entierro.





EL CEMENTERIO


La oscuridad y el silencio reinaban en el cementerio. Era una fría noche de diciembre, tan gélida y negra que ni el mochuelo había abandonado el calor del tronco del viejo roble.
Iba a ser su primera Navidad en su residencia eterna. Hacía solo unos meses que decidió que no merecía la pena seguir adelante y puso el punto final a la corta historia de su vida con un cóctel letal de ansiolíticos y antidepresivos.
Salió de su tumba, como cada noche desde que llegó allí, le agradaba pasear entre los caminos de arena que bordeaban los cuarteles de las antiguas sepulturas, leer los nombres grabados en el mármol gris de los bloques de nichos, más limpios, más modernos y más baratos. Le cautivaba empequeñecer bajo las sombras alargadas de los cipreses, adivinar las formas que proyectaba la luna sobre las esculturas de mármol, sobre las lápidas, escuchar los grillidos, las carracas de los insectos  nocturnos y los maullidos de los gatos que osaban romper el tétrico silencio del camposanto.
No estaba solo en sus paseos, eran muchos los que, como él, aprovechaban la ausencia de vida humana, de almas mortales, para observar el mundo desde su nueva dimensión.
Siempre terminaba su recorrido en el depósito, le gustaba asegurarse de que ningún cuerpo pasara su primera noche allí solo, la noche de tránsito. La suya había sido tan vacía… vivió solo, murió solo y fue enterrado solo, con la única compañía del empleado de la funeraria.
Aquella noche la triste y fría camilla de mármol de la sala estaba ocupada. Lo que en vida hubiera sido un escalofrío recorrió su cuerpo cuando vio que se trataba de un pequeño ataúd.
—Algún traslado que ha llegado tarde, le enterrarán a primera hora de la mañana —pensó mientras levantaba la tapa de aquel diminuto féretro de madera blanca encontrándose con la mirada perdida y ausente de una niña de corta edad.
Observó su rostro frío y pálido como el de una muñeca de porcelana, nunca le gustaron esas muñecas. Su pelo rubio, rizado, con los tirabuzones cayendo sobre sus hombros le daba un aire angelical.
—No tengas miedo —le dijo apretando su mano—, yo me quedaré contigo, no estarás sola.
—No te equivoques —exclamó la pequeña—, eres tú el que debería tener miedo, dejé tres niñas muertas en aquel maldito internado antes de saltar por la ventana del cuarto piso para comprobar si era cierto que los ángeles negros podían volar —habló la niña con una voz hueca y profunda que el eco de aquella estancia hacía todavía más aterradora.
Se incorporó dentro de la caja, contrajo todos los músculos de su rostro en una mueca desencajada y espeluznante y con un movimiento tan rápido como violento liberó su cuerpo del blanco sudario que la cubría y con los ojos fuera de sus órbitas saltó del féretro.
—¡Ja, ja, ja! ¡Me moría por salir de ese cajón!





900ºC


¡Odio este calor! Si hace un rato estaba congelada, apenas podía gesticular, tenía la cara tensa, estirada, como si se me hubiera olvidado aclararme los restos de la mascarilla,  la sonrisa petrificada y dos estalactitas colgando de los orificios de mi nariz, los pies helados, ¡cómo echaba de menos mis calcetines de lana!
Y, de repente, este sofocón. Algo extraño debe de haber ocurrido, alguna avería en  el aire acondicionado, o lo han puesto en modo calefacción sin darse cuenta; tengo que avisar al técnico para que lo miren, ¡esto no hay quien lo aguante! Porque ¿en qué mes estamos? Mi Alhzeimer avanza peligrosamente, tengo que volver al neurólogo, aunque ya sé lo que me va a decir, no hay marcha atrás; con la memoria que yo tenía, que podía decirte la lista de los reyes godos del derecho y del revés y ahora no recuerdo ni mi nombre; yo creo que estamos en agosto, será la segunda quincena, estos cambios tan bruscos de temperatura son propios del final del verano, además recuerdo que hace poco que fue mi cumpleaños y cuando era niña siempre lo celebrábamos en la playa. ¡Qué triste hacerse vieja!
Si, por lo menos, pudiera alcanzar mi abanico, pero ni siquiera sé dónde puse el bolso… Necesito beber un poco de agua.
¡Qué exageración! No es normal,  esto ya no es pasar calor, esto es morirse… Empiezo a oler a chamusquina, ¿se me nubla la vista o el cuarto se está llenando de humo?… Ahora me viene a la cabeza la película esa de Paul Newman, ¡qué guapo es ese hombre, por cierto!,  la del incendio en el rascacielos, ¡Dios, qué rabia! tampoco soy capaz de recordar el título, pero era tan agobiante, hasta puedo ver las llamas…, me estoy obsesionando.
Será mejor que me relaje e intente descansar.
––En tres o cuatro horas pueden pasar a recoger sus cenizas ––les dijo amablemente el empleado de la funeraria.











viernes, 30 de agosto de 2019

Viernes de espíritus mundanos


Hoy ha venido un espíritu. Llegó solo, creo, eso no me lo dijo. Tampoco creo que quisiera nada especial, parecía una visita rutinaria, quizá de cortesía. Nadie más que yo sintió su presencia. Noté el frío tensando la piel de mi rostro. El reloj se detuvo pasadas las tres, cuando atravesó la ventana y mi cuerpo, que distraía el insomnio buscando parques temáticos en el cielo a través de ella.

Hoy ha venido un espíritu. Comprobó la batería de los sensores magnéticos de la alarma, formateó el ordenador y reinstaló el sistema operativo. Barrió el garaje y sacó la basura. No le gustan las arañas ni el cuadro del salón ni la nueva funda nórdica de mi cama ni el ambientador del baño ni el gallo del vecino que comenzaba a cantar cuando salió de casa, eso sí me lo dejó claro antes de irse.

Hoy ha venido un espíritu. No le han complacido los cambios que he hecho en su casa desde que él la dejó. Sé que volverá pronto. Antes de que el cable de acero me degollara le escuché farfullar sobre lo sucias que estaban las lámparas del salón. Supongo que en su próxima visita tendrá que limpiar también las alfombras.






domingo, 11 de agosto de 2019

Cierre de convocatoria

Y así llegamos al domingo y con él al cierre de la convocatoria de este jueves 8 de agosto. Un jueves muy especial para mí, en el que hemos escrito y reflexionado sobre inicios, sobre puertas, sobre caminos andados y por andar, pero principalmente sobre reencuentros.
Quiero daros las gracias a todos por vuestro apoyo y vuestra presencia, en especial, a los compañeros que ya no son tan habituales en estas convocatorias blogueras y que han hecho el esfuerzo para acompañarme esta semana en mi vuelta a los jueves.
Ha sido un placer coordinar esta semana, espero haberme acordado de todo y haberlo hecho bien, había perdido práctica, no creáis :)


La próxima semana nos espera Mar en su casa:

https://sitiodelabitacora.blogspot.com/

Yo prometo volver.





jueves, 8 de agosto de 2019

Este jueves un relato.


Y aquí os dejo mi aportación a este jueves de comienzos.





Punto final







Todo empezó con un punto final, un único y rotundo punto final. Sí, estoy segura; no fue un punto y aparte y, por supuesto, descarté de inmediato que se tratara de un aburrido y monótono punto y seguido: fue un único y rotundo punto final. Luego, lo normal: un callejón oscuro lleno de gente, un yogur caducado, un cubo de Rubik, un vestido de novia de segunda mano, la ola definitiva, una lágrima con baliza, una botella de vodka, un per secula seculorum, un control de alcoholemia, una rosa negra, un salto al vacío, un beso edulcorado, un libro de historia, una capa de superhéroe, una no contraseña, una bandeja de pasteles, una pistola y una detonación, una única y rotunda detonación.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Arrancamos...


Buenas noches.
A falta de poco menos de una hora para que comience el jueves en España damos la salida a la convocatoria juevera del 8 de agosto de 2019. Os voy dejando por aquí los enlaces de los diferentes blogs que me han hecho llegar ya su participación.

Comencemos con nuestros inicios:
































domingo, 4 de agosto de 2019

Este jueves un relato.





Puntos suspensivos os da la bienvenida a una nueva convocatoria de Este jueves un relato. 
Sí, soy juevera, lo reconozco. Lo soy desde hace casi ocho años y ha sido y es una experiencia muy enriquecedora, tanto desde el punto de vista literario como humano. Sé que muchos de los jueveros actuales no me conocéis ni yo os conozco a vosotros, también sé que muchos de los que conocí "en mis tiempos" ya no frecuentan, como tampoco lo hago yo, este mundillo virtual, pero la vida son etapas, puertas que se abren, que se cruzan, que se cierran y otras que solo se entornan. Eso es para mí los jueves, una puerta que se abrió, que se interpuso en mi camino en un momento en el que realmente lo necesitaba, gracias a mi madrijuevera Mª José Moreno a la que desde aquí mandó un beso enorme, que atravesé y que entorné cuando, por cuestiones de tiempo y de compromisos laborales y personales, no pude participar ni disfrutar de las convocatorias como quería hacerlo y como creo que debía hacerlo. Tras esa puerta encontré un montón de aventuras literarias, de viajes, de historias, de aprendizajes, de lecturas y de amigos, amigos a los que como a mí les gustaba escribir, con los que compartí muchos jueves de literatura y de los que aprendí muchísimo.
Cuando nuestra querida Vivian pidió voluntarios para llevar las convocatorias de agosto pensé que era el momento de poder regresar, aunque fuera solo por un jueves de verano, y sentirme juevera de nuevo al cien por cien.
Así que aquí me tenéis, mucho tiempo después, de coordinadora, espero estar a la altura que la ocasión requiere.
Los que me conocéis sabéis que el blog fue el comienzo de mi trayectoria literaria digamos, pública, hasta entonces lo que había escrito lo había hecho para mí, ni tan siquiera dejaba que mi familia me leyera, aunque tampoco es que estuvieran locos por leerme; así que escribir un texto y publicarlo en un blog que podía leer cualquier persona fue todo un reto. Era exponerme en público, aceptar que habría lectores a los que les gustaría lo que hacía y habría otros, muchos, a los que no les interesaría lo más mínimo, pero me sirvió para perder el miedo y la vergüenza a que se leyera lo que escribía, y a aceptar las críticas buenas y malas (estas lo llevo peor, la verdad :) ). Siempre cuento, en plan abuela cebolleta, porque me parece una anécdota muy divertida y muy significativa, que cuando colgaba mis primeros relatos en el blog y en los jueves apenas le daba a "publicar" cerraba el ordenador y me alejaba lo máximo posible de él, me daba muchísima vergüenza que alguien me leyera, no quería saber nada ni hacerme responsable de lo que había escrito. Esos, fueron mis comienzos. Hoy todo eso ha cambiado un poco y aquí me tenéis enrollándome como si no hubiera un mañana, así que al grano.
Todo esta charla sobre mis inicios literarios tenía como única intención justificar el tema de esta semana que no es otro que:


Así empezó todo





Las normas ya las sabéis, abrimos la convocatoria hoy domingo para que vayáis preparando vuestros textos, el miércoles noche/jueves por la mañana comenzaré a enlazar vuestros relatos, así que por fi , cuando lo tengáis listo me dejáis el link de vuestro blog en los comentarios de esta entrada e intentaremos visitarnos todos para leer y enriquecernos con nuestros comentarios o simplemente para decirnos: "hola, he estado en tu casa y me ha gustado leer tu relato". Aceptamos relato, microrrelato, poesía, reflexión, ensayo o lo que a cada uno nos susurren las musas. No nos extenderemos  demasiado por aquello de que leernos todos con tranquilidad lleva su tiempo, y creo que no me dejo nada más, solo añadir que es un verdadero placer estar de nuevo aquí.
Espero que os animéis a participar y que disfrutemos juntos de un jueves de comienzos.

domingo, 14 de abril de 2019

Los muertos no bailan



Sálvame de incendios, cura mi añoranza 
para los recuerdos no hay camiones de mudanza.
 Blon


Lo sé, tengo mi casa abandonada, hace meses que no paso por aquí ni para abrir las ventanas y ventilar. Sé y sabéis que no es olvido, ni hastío, ni indiferencia, y sé que sabéis que hay domingos de añoranzas y melancolías en los que tienes que volver al lugar que te vio nacer. Hoy es uno de esos domingos.
El texto que he elegido para compartir con vosotros lo podéis encontrar en el libro Permiso para vivir, publicado en coautoría con el poeta Josep Piella Vila en 2017.






LOS MUERTOS NO BAILAN


Abro los ojos y compruebo que sigue en la mesita de noche mi libro de poemas de Lorca y que tú sigues vivo. Así sé que no estoy muerta, y que puedo seguir leyendo a Lorca y besándote a ti.
No me asusta la muerte, me asusta más el olvido. Tampoco la espero, no se merece tanto, está sobrevalorada; pero llegará, y de nada me servirá mi carné de madre, ni de maestra, ni mis libros publicados, ni mis muchos años de experiencia.
Todos nos mudaremos tarde o temprano y lo haremos vestidos solo de recuerdos: los ricos, los feos, los patos, los indigentes, los raperos, los escritores, las hormigas y los cirujanos plásticos. Tú y yo también lo haremos. Solo el río seguirá su curso, mientras le dejen.
¿Y qué hago yo cuando vaya a morir, que no creo en dioses, ni en vírgenes ni en santos, que no sé rezar y no conozco el cielo?
Supongo que tendré mucho tiempo para escribir, pero no sé cómo podré cocinar el salmón con miel allá donde vaya.
Tampoco sé si allí se duerme y me gusta demasiado dormir, lo echaré de menos; o si podré recibir visitas los domingos, ponerme guapa para ver a mis nietos, tengo tantas historias que contarles.
Recuérdame que les diga que no me lleven flores, las flores de los cementerios no me gustan, huelen a muerto, son rosas maniatadas; que me lleven perfume y libros y chocolate y fruta y gritos de niños y abrazos de jengibre y música para
bailar… espera, no, mejor no, el otro día dijeron en las noticias que los muertos no bailan.
Teresa Oteo