En esta ocasión,
más que nunca, me mueve la necesidad, el instinto de conservación. Saldré en
busca de víctimas inocentes que me mantengan viva, que me ayuden a recuperar
mis fuerzas, me encuentro muy débil.
Cuellos
palpitantes, torrente caudaloso de elixir vital. Preciso de un arma, tal el vez
el alfiler del pelo, el kanzashi japonés que me regaló aquel cautivador
contador de historias. No me interpreten mal, no poseo colmillos afilados, ya me gustaría...
No soy una vampiresa, tan solo una simple y humana mortal con
anemia microcítica.

